Esta noche jugué un poco de una versión modificada de peek-a-boo con Joaquín. En vez de yo aparecerme de repente y decir boo!, él no aguantaba más tener los ojos abiertos y los cerraba por un rato. Es igual de efectivo, porque cada vez que los volvía a abrir estaba yo, en vez de la sábana blanca que le tapaba la incubadora antes... pegaba un pequeño sobresalto y abría los dos ojos, para asegurarse que fuera cierto, antes de buscarme la mano (hay otras interpretaciones, como que decía "Mama! Un monstruo!" y agitaba la mano violentamente hasta que le ponía el dedo al medio. Yo, padre baboso, digo que lo primero).
Mientras tanto, en otro rincón de neonatología, Pedro también espiaba al mundo; como Joaquín, a veces abriendo los dos ojos, y también igual que su hermano la mayoría del tiempo espiando por un solo ojo; además, Pedro se chupaba (ojalá!) los dedos. La pachorrez es por la misma razón por la cual no los pude alzar hoy: acababan de comer.
De todas maneras Pedro no quería dejar que su hermano se llevara toda la gloria, y se puso a mover la cabeza de un lado para el otro; parecía que quería pararla como al medio del recorrido, pero se le pasaba de largo. Hasta no verlo, no me había dado cuenta de que no estaban haciendo eso antes...
De paso, saqué una foto de la manada de enfermeras. Esta es la manada nocturna, que es mucho más reducida.
Por último, Lore no ha podido aún leer su pila de mails, ni los comentarios del blog, pero yo le he ido contando los mensajes. Dice que ella dice que muchas gracias. Lo dijo mucho más floreado... pero es tarde y no me acuerdo las palabras exactas.

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